Sucede que esos cambios de ánimo en mí, son frecuentes y esto, según profesionales y diccionarios se llama bipolaridad; suelo estar un día muy feliz, recorriendo los caminos contenta, suspirando recordando buenos momentos, compartiendo cosas en común que tengo con mucha gente, seres queridos en especial y a veces puedo llegar a hacer nuevos amigos, como también puedo estar triste y me envuelvo solamente en llanto abrazándome a malos recuerdos o discutiendo con mi al rededor. Muchas veces me he enfrentado con una pelea verbal con alguien y termino enojada, pero ese enojo no se profundiza en aquella persona con la cual discutí, si no con prácticamente, el mundo; sí, así es, "me enojo contigo y me la agarro con el mundo", tal cual lo dice el refrán. Reconozco que es un error, pero suele ser más poderoso que mi intento de olvidarme y continuar ".
Mi felicidad completa es nada más y nada menos que la gente que está conmigo y no me refiero a quienes están a mi al rededor, si no aquellos que están junto a mí en todos los sentidos de la frase. Son una parte de mi familia y mis amistades.
A veces me pregunto ¿por qué se pierde gente en el camino?, ¿por qué no continuo lo que teníamos?... La única respuesta que consigo es, si no lo están, es por algo, pero surge otra pregunta... ¿qué es ese algo?. Muchas veces es por decisión propia, muchas otras por decisión del otro y a veces solamente pasa.
Mi forma de manifestarme ante estos casos es el llanto y un ¿por qué? siempre aparece en mi cabeza, por el simple hecho de que si en algún momento estuvieron dentro de mi vida, es porque los quise y abrí las puertas para que entren a la misma, pero cuando se aleja sigo sin encontrar la respuesta a la anterior pregunta. Tal vez fui yo la que hizo algo mal, tal vez no, pero no deja de taladrar mi cabeza con dolor y algunas veces con culpa.
Hoy lo estoy viviendo, pero los consejos de quienes todavía me acompañan son los mismos y mi ¿por qué? todavía sigue en pie, a pesar de las palabras.
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